
¡DANA!
¡DANA! Qué nombre más amable le pusieron los meteorólogos a la catástrofe. DANA. Suena a vecina que te trae tuppers, a tía que hornea bizcochos, a esa Ana con la que todos soñamos en secundaria. Depresión Aislada en Niveles Altos, dicen los técnicos, como si el desastre mereciera un acrónimo entrañable, un diminutivo cariñoso para el apocalipsis. Pero DANA no





