ORMUZ 2026: DÍA VEINTIOCHO
La guerra aprende a negociar mientras sigue matando
28 de marzo de 2026
I. LO QUE HA PASADO DESDE EL DÍA VEINTITRÉS
El reloj del ultimátum que cerraba el análisis anterior expiró el lunes por la noche. Las plantas eléctricas iraníes siguen en pie. El estrecho sigue cerrado. Y lo que parecía la última escalada antes del desembarco anfibio ha derivado, en cinco días, hacia algo que ninguno de los tres escenarios que planteábamos preveía con suficiente precisión: una negociación que ambas partes niegan públicamente mientras la ejecutan en secreto a través de Pakistán.
Lo que ha ocurrido, en orden:
El 25 de marzo, Washington entregó a Irán a través de intermediarios pakistaníes un plan de quince puntos para el cese de hostilidades. Sanciones, cooperación nuclear civil, límites a misiles, monitoreo de la IAEA, apertura del estrecho. Un funcionario egipcio implicado en la mediación lo describió como «un acuerdo comprehensivo» — comparable en complejidad al plan de veinte puntos que sirvió de base para el cese del fuego en Gaza. Irán lo rechazó públicamente calificándolo de «maximalista e irrazonable» y presentó su contraoferta: fin de la agresión, garantías jurídicas contra futuros ataques, pago de reparaciones de guerra y soberanía sobre el estrecho de Ormuz.
El 26 de marzo, Trump dio marcha atrás en el ultimátum de 48 horas — prorrogado primero cinco días, luego diez días más hasta el 6 de abril — citando «conversaciones muy buenas y productivas» con Irán. Irán negó que hubiera conversaciones. Trump respondió llamando al estrecho «Estrecho de Trump» en una conferencia de inversores en Florida, aclarando después que había sido «un accidente.» No hubo accidente.
El 27 de marzo, los Houthis lanzaron su primer misil contra Israel desde el inicio de la guerra — un mes después de haberla prometido y tres semanas después de haber callado. La bala guardada en la recámara, finalmente disparada.
Hoy, 28 de marzo, Egipto, Pakistán, Arabia Saudí y Turquía se reúnen en Islamabad en la iniciativa diplomática multilateral más visible hasta la fecha. Israel anuncia que sus ataques «escalarán e intensificarán.» Los mercados suben un 1,15% ante el rumor de acuerdo. El Brent baja a cien dólares desde los 112 de la semana pasada.
La guerra lleva un mes. Y está aprendiendo, torpemente, a negociar mientras sigue matando.
II. EL ULTIMÁTUM QUE NO FUE
Escribíamos el día veintitrés que el ultimátum de las plantas eléctricas tenía una lógica interna que sus críticos no habían comprendido. Que no era una amenaza de destrucción masiva sino la última señal antes de ejecutar la única opción que resuelve el problema de raíz.
Teníamos razón en la primera parte. La segunda requiere revisión.
Trump no destruyó las plantas eléctricas. Tampoco ejecutó el desembarco anfibio. Lo que hizo fue algo más complejo y más trumpiano: usar el ultimátum como palanca de apertura diplomática, prorrogarlo cuando Irán mostró señales de recibir mensajes a través de intermediarios, y en el proceso revelar que Washington tiene más urgencia de salida de la que sus partes de guerra sugerían.
CENTCOM anunció esta semana haber alcanzado más de 9.000 objetivos iraníes y ejecutado más de 9.000 misiones de combate, incluyendo más de 140 buques iraníes destruidos. Al mismo tiempo, Trump dijo «hay una muy buena posibilidad de que lleguemos a un acuerdo» y el Brent cayó más de un diez por ciento en un solo día. CBS News
Esa correlación no es casual. El mercado leyó lo que los comunicados del Pentágono no dicen: que la administración Trump busca una salida que pueda vender como victoria sin poner marines en playas iraníes.
III. LA NEGOCIACIÓN QUE NADIE ADMITE
Es el elemento más nuevo y más relevante de esta semana. Y merece análisis sin las simplificaciones que tanto abundan.
Washington ha enviado a Irán a través de Pakistán una propuesta de quince puntos que incluye sanciones, cooperación nuclear civil, límites al programa de misiles, monitoreo de la IAEA y apertura del estrecho. Irán la ha rechazado públicamente como «maximalista» pero ha presentado una contraoferta — lo que en diplomacia significa que la negociación ha comenzado, independientemente de lo que digan las partes. Al Jazeera
Las condiciones iraníes son cinco: fin de la agresión, garantías concretas contra la repetición de la guerra, pago de daños y reparaciones, fin comprehensivo de la guerra en todos los frentes incluyendo a los grupos de resistencia, y no ceasefire sino fin permanente de la guerra. NPR
La brecha entre las dos posiciones es enorme. Washington pide desmantelamiento nuclear, límites a misiles y apertura del estrecho. Teherán pide reparaciones de guerra y garantías de no agresión permanentes. Son posiciones que en condiciones normales tardarían años en cerrarse.
Pero estas no son condiciones normales. El barril a cien dólares cuesta a la economía americana entre novecientos millones y dos mil millones de dólares diarios. Goldman Sachs advierte de precios así hasta 2027. Los mercados llevan cuatro semanas en caída. El Congreso empieza a preguntar públicamente cuál es el plan de salida.
Israel fue sorprendido por la presentación del plan de quince puntos — había estado presionando a Trump para continuar la guerra. Netanyahu reconoció los esfuerzos diplomáticos pero anunció que Israel continuará atacando «por ahora.» PBS
Esa última frase — «por ahora» — es la más importante del comunicado israelí. Netanyahu no dijo «indefinidamente.» Dijo «por ahora.» En el idioma de la diplomacia de la región, eso significa que sabe que el reloj de Washington tiene fecha de caducidad.
IV. EL PEAJE EN EL ESTRECHO — IRÁN REINVENTA LA SOBERANÍA MARÍTIMA
Mientras la diplomacia avanza torpemente, en el estrecho está ocurriendo algo que ningún análisis previo había cartografiado con precisión: Irán está convirtiendo el bloqueo en un sistema de peajes.
El CGRI ha implementado de facto una «cabina de peaje» que exige a los operadores de buques someterse a un esquema de vetting previo. Al menos dos buques que han transitado el estrecho pagaron una tasa en yuanes chinos, en una transacción intermediada por una empresa de servicios marítimos china. Irán está además elaborando legislación para formalizar el cobro de peajes a todos los buques que transiten el estrecho. Al Jazeera
Esto tiene implicaciones que van mucho más allá de la guerra actual. Y Washington no puede tolerarlo. No por orgullo, no por política, sino por razones estructurales que ninguna administración americana — republicana o demócrata — puede ignorar sin destruir el orden que sostiene la hegemonía americana desde 1945.
La UNCLOS garantiza el derecho de paso inocente en estrechos internacionales. Un sistema de peajes iraní no es un bloqueo temporal de guerra. Es la reclamación permanente de que el estrecho es infraestructura soberana iraní sujeta a tarificación. Si ese precedente prospera, cualquier Estado costero con un estrecho bajo su territorio puede replicarlo — Malaca, Gibraltar, Bósforo, el Canal de Mozambique. El libre tránsito marítimo internacional, columna vertebral del comercio global que EE.UU. ha garantizado militarmente durante ochenta años, queda sujeto a negociación bilateral con cada Estado costero que decida cobrar. Eso no es una amenaza a la hegemonía americana. Es su disolución en términos concretos y medibles.
Los peajes en yuanes con intermediación china en el único cuello de botella energético que todavía controla el adversario son, además, el experimento más avanzado de desdolarización del comercio energético que ha existido en tiempo real. No en un acuerdo bilateral de largo plazo negociado en despachos. En el estrecho mismo, ahora, con barcos pagando en yuanes porque no tienen otra opción. Si eso se consolida, el petrodólar sufre el daño estructural más grave desde Nixon en 1971.
Y hay una tercera razón por la que Washington no puede tolerarlo, que es la más inmediata de las tres: Trump llamó al estrecho «Estrecho de Trump» esta semana — accidentalmente o no. Si ese estrecho termina siendo el «Estrecho del Peaje Chino en Yuanes», la derrota política es tan monumental que hace imposible cualquier relato de victoria. No es solo el midterm de noviembre. Es el legado histórico de la operación.
El peaje en yuanes es, paradójicamente, el argumento más limpio jurídicamente que Washington ha tenido en toda la guerra para lo que viene. Defender el derecho internacional marítimo y el libre tránsito frente a un sistema de peajes ilegales es más fácil de argumentar ante el Consejo de Seguridad que cualquier bombardeo previo. China puede vetar resoluciones de condena, pero no puede argumentar públicamente que los peajes en yuanes en aguas internacionales son un derecho soberano iraní sin destruir su propia posición en Malaca, el Mar del Sur de China y el Estrecho de Taiwán.
Irán construyendo una cabina de peaje en yuanes en el estrecho no es una victoria iraní. Es el anuncio involuntario de por qué la operación terrestre es inevitable, jurídicamente justificable y políticamente vendible de una manera que ningún argumento previo había conseguido articular con tanta claridad.
Abu Musa sigue esperando. Pero ahora tiene una razón adicional — y esta vez es China la que se la ha proporcionado sin querer.
V. DOS ESTRECHOS, UN PROBLEMA
La entrada de los Houthis en la guerra esta semana confirma la tesis que planteábamos: el problema siempre fue más grande de lo que cualquier ultimátum podía resolver.
Si Ormuz y Bab al-Mandeb se cierran simultáneamente, la ruta se rompe de extremo a extremo. El petróleo no puede salir del Golfo por Ormuz. Y si los Houthis activan Bab al-Mandeb, tampoco puede llegar a Europa por el Mar Rojo. The National
El oleoducto Este-Oeste saudí que exporta por Yanbu — el único colchón real que han tenido los mercados en este mes — queda dentro del radio de acción houthi verificado. Dos millones de barriles diarios que han sostenido parcialmente el suministro a Europa bajo amenaza directa.
La arquitectura de la solución sigue siendo la que describíamos el día veintitrés pero ha ganado una dimensión que entonces era hipótesis y hoy es urgencia operativa.
Arabia Saudí tiene que entrar en Yemen. No como opción estratégica de medio plazo sino como necesidad inmediata de autodefensa energética. Su infraestructura de exportación en el Mar Rojo está siendo amenazada por el mismo actor al que lleva once años sin poder derrotar. La diferencia ahora es que el soporte iraní al que los Houthis debían su resiliencia está destruido como estructura de mando y abastecimiento. Los Houthis que entran en guerra hoy lo hacen con el inventario que tienen, sin posibilidad de reposición desde Teherán.
Ese es el momento de hacerlo. No hay otro.
VI. LO QUE LA NEGOCIACIÓN REVELA — Y LO QUE OCULTA
El plan de quince puntos tiene una virtud y un defecto estructural que determinan si puede funcionar.
La virtud: existe. Que Washington haya formulado una propuesta comprehensiva — y que Irán haya presentado una contraoferta en lugar de ignorarla — significa que hay un canal de comunicación funcional a través de Pakistán. Eso no existía formalmente hasta esta semana. Egipto, Pakistán, Arabia Saudí y Turquía reunidos en Islamabad hoy es la iniciativa multilateral más visible para acabar con la guerra. Irán ha dicho que la diplomacia «no está agotada.» Egyptian Streets
El defecto estructural: el plan americano exige que Irán ceda el estrecho. La contraoferta iraní exige que Irán mantenga soberanía sobre el estrecho. Esas dos posiciones son mutuamente excluyentes y ninguna de las dos partes puede ceder en ese punto sin destruir su narrativa doméstica de victoria.
Para Washington, el estrecho abierto sin condiciones iraníes es la única definición de éxito que Trump puede vender antes del midterm. Para lo que queda del mando iraní, ceder el estrecho es admitir que la guerra se perdió en sus propios términos — algo incompatible con la supervivencia narrativa del régimen.
Esa contradicción no se resuelve en Islamabad. Se resuelve en Abu Musa.
VII. DOS INVASIONES — LA ÚNICA ARQUITECTURA QUE CIERRA EL CONFLICTO
El ultimátum prorrogado hasta el 6 de abril no es una victoria diplomática. Es tiempo comprado para que converjan tres elementos que hace tres semanas eran inciertos y hoy son verificables.
Arabia Saudí ha cruzado el umbral de la neutralidad. Los EAU tienen el argumento jurídico de las islas y el inventario para sostener su papel. Los Houthis han roto el último acuerdo que los contenía. Y el soporte iraní a ambos proxies está destruido.
Eso configura la única arquitectura que resuelve los dos estrechos simultáneamente.
En el norte, tropas emiratíes desembarcan en Abu Musa y las Tunbs — restitución de soberanía con cincuenta y cuatro años de respaldo jurídico ante la ONU, cobertura aérea americana, presencia naval de la 11ª y 31ª Unidades Expedicionarias. No es invasión de Irán. Es devolución de territorio ocupado ilegalmente desde 1971 a sus propietarios legítimos. El CGRI sin Bandar Lengeh, sin mando naval funcional, sin misiles antibuque costeros operativos, no puede defender esas posiciones de forma sostenida.
En el sur, Arabia Saudí con apoyo americano y emiratí ataca las posiciones costeras houthi en el Mar Rojo — Hodeidah, los puntos de lanzamiento sobre Yanbu. No es ocupar Yemen. Es controlar la franja costera desde la que los Houthis amenazan la única ruta alternativa al Ormuz bloqueado. Los Houthis sin reposición iraní, con el inventario que tienen, son un problema militar finito. Con apoyo aéreo americano y la efectividad emiratí documentada en Yemen entre 2015 y 2019, esa franja es controlable.
El resultado de esas dos operaciones coordinadas no es la paz. Nunca lo ha sido en ningún análisis de esta serie. Es el resultado manejable: dos corredores energéticos bajo control físico de actores con interés existencial en mantenerlos abiertos, un Irán convertido en problema crónico de baja intensidad sin capacidad de cierre estratégico, y una negociación que puede avanzar porque el terreno ha cambiado lo suficiente para que las posiciones de partida sean distintas.
Ahora mismo Irán negocia desde la posición de quien todavía controla el estrecho. Después del desembarco en Abu Musa negocia desde la posición de quien lo ha perdido.
Esa diferencia es la que hace posible un acuerdo que hoy no lo es.
VIII. CHINA — EL JUGADOR QUE GANA SIEMPRE
Al menos dos buques han pagado peajes en yuanes al CGRI para cruzar el estrecho. Una empresa de servicios marítimos china intermedió la transacción. Al Jazeera Washington levantó sanciones sobre petróleo iraní para que el crudo llegue al único comprador disponible — que es China. El yuan como moneda de denominación en el estrecho avanza mientras el dólar pierde terreno en la única arteria energética que todavía controla quien no ha disparado un solo tiro.
La cumbre de Islamabad de hoy incluye a Pakistán, Egipto, Arabia Saudí y Turquía. No incluye a China. Pekín no necesita estar en la mesa de la negociación. Está en la caja de cobro del estrecho.
El jugador más frío de la mesa lleva veintiocho días acumulando dividendos sin coste visible. Eso no cambia con ningún acuerdo de los que se están negociando. Cambia con el control físico del estrecho bajo bandera que no sea la iraní.
Solo entonces los buques chinos dejarán de necesitar pagar peajes en yuanes al CGRI para cruzar.
Solo entonces el yuan pierde la palanca que Teherán le ha dado gratuitamente durante un mes.
La guerra cumple un mes hoy. Empezó con novecientas misiones de combate en doce horas y está terminando — si es que termina — con quince puntos en papel pakistaní y un estrecho donde los barcos pagan en yuanes para cruzar.
Kafka habría disfrutado escribiendo este guion.
Karbala, año 680. El Estrecho de Ormuz, marzo de 2026. Veintiocho días de guerra. La misma llave al cuello.
Y el peaje en yuanes.
Francisco Guitián Lema — 28 de marzo de 2026
Quinta entrega del análisis Ormuz 2026, continuación de «El Día Once» (10 de marzo), «El Día en Que la Foto Valió Mil Millones» (12 de marzo), «El Día Diecisiete» (16 de marzo) y «El Día Veintitrés» (22 de marzo)
