ORMUZ 2026: CRÓNICA DE UNA GUERRA ASIMÉTRICA
Del primer misil al bloqueo naval — Estado de situación y prospectiva
Francisco Guitián Lema — 13 de abril de 2026
PARTE I: CRÓNICA DESDE EL INICIO
El origen
La guerra de Irán de 2026 no comenzó el 28 de febrero. Comenzó en enero, cuando el régimen iraní masacró entre tres mil y treinta y dos mil de sus propios ciudadanos durante las mayores protestas desde la Revolución de 1979. Trump había amenazado con intervención militar si el gobierno mataba manifestantes pacíficos. No intervino. Pero el escenario estaba creado.
El detonante inmediato fue la convergencia de tres factores simultáneos: capacidad nuclear iraní inminente — 460 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, a semanas del grado de arma —, intención declarada constitucionalmente de destruir Israel, y una doctrina de martirio institucionalizada durante cuatro décadas que hacía inoperante la disuasión convencional.
El 28 de febrero de 2026, EE.UU. e Israel lanzaron la Operación Furia Épica. En las primeras horas, el Líder Supremo Alí Jamenei fue eliminado en un ataque sobre su compuesto. Su hijo Mojtaba fue elegido nuevo Líder Supremo el 8 de marzo — su estado actual es incierto: fuentes divergentes lo dan por incapacitado o muerto. La armada iraní fue destruida en setenta y dos horas. El programa nuclear fue atacado: Natanz destruido al 95%, Fordow demolido, Isfahan destruida, Arak gravemente dañado, Ardakan bombardeada, Bushehr atacada cuatro veces. Más de 250 oficiales y líderes del CGRI fueron eliminados en cuarenta y tres días.
La respuesta iraní fue cerrar el Estrecho de Ormuz — el corredor por el que pasa el veinte por ciento del petróleo y gas del planeta. Esa decisión convirtió una guerra bilateral en una crisis global.
Los cuarenta y tres días de guerra
Durante cuarenta y tres días EE.UU. ejecutó más de nueve mil misiones de combate. Destruyó 140 buques iraníes, eliminó la fuerza aérea iraní, degradó la capacidad de misiles balísticos al diez por ciento de los niveles previos. La demostración más contundente de penetración del espacio iraní fue la operación de rescate de pilotos derribados: casi cien operadores de fuerzas especiales, decenas de aviones de combate y helicópteros entraron en territorio iraní, montaron una base temporal y extrajeron a los tripulantes.
Pero la guerra produjo también resultados que los comunicados de CENTCOM no anunciaron. Un F-35 fue alcanzado el 19 de marzo por un sistema infrarrojo pasivo iraní — primera vez en la historia que el avión más avanzado del mundo fue dañado en combate. Un F-15E fue derribado el 3 de abril. Un A-10 fue alcanzado el mismo día. El USS Gerald R. Ford sufrió un incendio severo y está en reparaciones en Split, Croacia.
Irán atacó Diego García, Dimona en Israel y docenas de instalaciones en los EAU, Arabia Saudí, Bahréin, Kuwait y Qatar. Los EAU interceptaron 520 misiles balísticos, 2.221 drones y 26 cruceros — agotando el 75% de su inventario de interceptores Patriot. Bahréin agotó el 87% del suyo.
El Brent alcanzó 166 dólares el barril el 19 de marzo. La gasolina americana superó los cuatro dólares el galón. En Europa los precios subieron un 70 por ciento. En Asia escaseó el combustible de aviación y el diésel.
El sistema de peajes — el experimento financiero más importante del siglo
Mientras los bombardeos continuaban, Irán construyó silenciosamente el activo estratégico más valioso de toda la guerra: un sistema de peajes en el estrecho operado por el CGRI. Los buques que querían transitar debían presentar documentación completa, recibir un código de autorización, aceptar escolta iraní y pagar.
La tarifa: aproximadamente un dólar por barril de crudo transportado — hasta dos millones de dólares por petrolero VLCC. El pago: yuanes chinos o criptomonedas. No dólares. No SWIFT. No trazabilidad occidental.
Al menos dos buques pagaron en yuanes con intermediación de una empresa china de servicios marítimos. Cuando el Ministerio de Comercio chino confirmó el sistema, las acciones de empresas chinas de pagos transfronterizos subieron el límite diario del diez por ciento en la bolsa de Shenzhen en un solo día. El parlamento iraní aprobó legislación formalizando los peajes de forma permanente, enmarcando la ley como reconocimiento de «la soberanía, dominancia y supervisión» de Teherán sobre el estrecho.
El dólar fijaba el precio de referencia. El yuan liquidaba la transacción. Esa distinción — aparentemente técnica — es la más importante de toda la guerra.
El alto el fuego del 7 de abril — la capitulación táctica
El domingo 6 de abril, Trump escribió en Truth Social en mayúsculas: «Abrid el jodido Estrecho, locos de mierda, o viviréis en el Infierno.» El martes 7 de abril, dos horas antes de su propio plazo de las ocho de la tarde, anunció un alto el fuego de dos semanas basado en los diez puntos iraníes — los mismos que había llamado «insuficientes» veinticuatro horas antes.
Era el cuarto plazo consecutivo que fijaba y no cumplía.
Los diez puntos iraníes aceptados como «base de trabajo» incluían: paso por el estrecho «bajo coordinación de las Fuerzas Armadas de Irán, otorgando con ello a Irán una posición económica y geopolítica única», retirada de fuerzas americanas de todas las bases de la región, levantamiento total de sanciones, pago de reparaciones de guerra y fin de la guerra en todos los frentes incluyendo todos los grupos de resistencia — Hezbolá, Hamás, los Houthis y las milicias iraquíes.
Irán declaró victoria. Su Consejo Supremo de Seguridad Nacional dijo: «Casi todos los objetivos de guerra han sido alcanzados. Nuestras manos están en el gatillo.»
No mintieron.
PARTE II: SITUACIÓN ACTUAL
Islamabad — el fracaso que cambia el tablero
Las negociaciones cara a cara en Islamabad — las primeras entre EE.UU. e Irán desde la Revolución de 1979 — duraron 21 horas. Vance lideró la delegación americana junto a Witkoff y Kushner. Ghalibaf y Araghchi lideraron la iraní.
El punto de ruptura fue el nuclear. EE.UU. exigía un compromiso afirmativo de que Irán no desarrollaría arma nuclear. Irán rechazó comprometerse a eso. Vance anunció el fracaso el 12 de abril, dejó sobre la mesa lo que llamó «la oferta final y mejor» y subió al Air Force Two.
Irán declaró que «no tiene planes para una próxima ronda de negociaciones.»
El ex negociador americano Aaron David Miller lo formuló con precisión: «Los iraníes tienen más cartas que los americanos. Tienen el uranio altamente enriquecido. Han demostrado que han armado la geografía. El régimen ha sobrevivido.»
El bloqueo naval que—se supone— empieza hoy
El 12 de abril, horas después del fracaso de Islamabad, Trump anunció en Truth Social un bloqueo naval del Estrecho de Ormuz efectivo inmediatamente. CENTCOM confirmó: el bloqueo comenzaría el lunes 13 de abril a las 10:00 AM hora del Este.
Los términos precisos — cruciales para entender su alcance real — son estos: el bloqueo se aplica a buques «que entren o salgan de puertos y zonas costeras iraníes.» No afecta a buques que transiten el estrecho hacia y desde puertos no iraníes. EE.UU. además interceptará en aguas internacionales todo buque que haya pagado peajes a Irán y comenzará a destruir las minas que Irán colocó en el estrecho.
La diferencia entre el anuncio de Trump — «bloquear cualquier barco que intente entrar o salir» — y la precisión técnica de CENTCOM es la diferencia entre un acto de guerra contra el mundo entero y una medida de presión económica máxima sobre Irán.
El primero es inviable. El segundo es ejecutable.
Las minas— la brecha entre la retórica y la realidad
El desminado comenzó formalmente el 11 de abril. Dos destructores — USS Frank E. Peterson y USS Michael Murphy — transitaron el estrecho para «establecer las condiciones.» Drones submarinos Knifefish se incorporarán en los próximos días.
El problema es técnico y es grave. Los buques cazaminas Avenger especializados están en Japón — no en el Golfo. USNI Proceedings estimó que el desminado completo llevaría hasta finales de verano. La campaña equivalente en Kuwait en 1991 tardó 51 días con equipos especializados en posición. Y existe un dato que cambia toda la ecuación: según el New York Times, las fuerzas iraníes no pueden localizar todas las minas que colocaron. Si eso es así, nadie tiene el mapa completo.
Un destructor Arleigh Burke con calado de nueve metros puede transitar el estrecho minado a alta velocidad con un riesgo aceptable. Un superpetrolero VLCC cargado con calado de 22 metros no puede. La diferencia entre esas dos realidades es la diferencia entre una demostración de fuerza y un estrecho realmente abierto al comercio.
Doce buques han cruzado desde el alto el fuego. Ninguno era un superpetrolero.
La fragmentación del alto el fuego
El alto el fuego del 7 de abril está técnicamente en vigor hasta el 21 de abril. En la práctica es papel mojado desde hace días. Israel continúa la Operación Eterna Oscuridad en Líbano. Irán continúa disparando sobre los EAU y Kuwait. Los EAU atacaron refinerías iraníes en Lavan y Siri con Mirage 2000-9 — sin confirmación oficial pero con evidencia circunstancial sólida. El CGRI disparó misiles sobre el Golfo horas después del anuncio del alto el fuego.
Los actores sobre el terreno operan según sus propios cálculos independientemente de lo que firmen sus patrocinadores o aliados.
China — la posición más peligrosa de toda la crisis
El bloqueo naval americano tiene una consecuencia que ningún comunicado oficial nombra directamente: EE.UU. ha declarado que interceptará en aguas internacionales cualquier buque que haya pagado peaje iraní. China compra aproximadamente el 80 por ciento del petróleo iraní. Muchos de esos buques son chinos.
Si un petrolero chino que pagó peaje iraní no obedece la orden de detenerse de un destructor americano, las opciones de la Marina americana son tres: dejarlo pasar — lo que invalida el bloqueo —, disparar tiros de advertencia — escalada diplomática inmediata —, o disparar al buque — acto de guerra contra China.
China responderá a la manera confuciana: sin gritar, con frialdad. Una declaración técnica citando el derecho internacional marítimo. Una llamada privada a Washington comunicando que tiene más palancas que misiles — bonos del Tesoro, Taiwan, cadenas de suministro. Y una aceleración silenciosa de todo lo que lleva décadas construyendo: el yuan como moneda de reserva energética, las rutas alternativas a Ormuz, la arquitectura financiera fuera del sistema SWIFT.
Cada día de bloqueo que demuestra que el sistema financiero occidental puede ser usado como arma es un argumento más para que el mundo construya alternativas a ese sistema.
PARTE III: Y AHORA?
La premisa fundamental
Irán no cederá en el punto nuclear mientras el régimen perciba que la rendición equivale a su desaparición. Tiene razón en esa percepción — un Irán que entrega el uranio y acepta verificación permanente admite que su posición de cuarenta y seis años era un farol. Ningún régimen revolucionario sobrevive esa admisión. La doctrina de Karbala, vigente en el régimen chií no permite la rendición visible. Se gana no rindiéndose. Aunque te destruyan.
EE.UU. tampoco puede aceptar públicamente un acuerdo que deje el uranio sin verificar, los proxies intactos y el estrecho bajo soberanía operativa iraní. El costo político doméstico — con las elecciones de mitad de mandato en noviembre de 2026 — es inaceptable.
Internacionalmente seria renunciar a su papel internacional. Ninguna potencia sobrevive a eso.
Esas dos posiciones son mutuamente excluyentes. Por eso Islamabad fracasó. Por eso fracasará cualquier negociación que no resuelva esa contradicción estructural.
Los relojes que corren
Hay cinco relojes simultáneos y no todos van al mismo ritmo.
El reloj energético: con bloqueo sostenido y estrecho sellado para superpetroleros, el barril puede alcanzar entre 180 y 220 dólares en cuatro a ocho semanas dependiendo de cuánto absorben las reservas estratégicas. Por encima de 200 dólares las economías asiáticas — Japón, Corea, India — entran en recesión técnica en semanas. Europa pierde el GNL qatarí sin alternativa real. Las reservas estratégicas de la IEA cubren menos de tres meses al ritmo del déficit.
El reloj político americano: la gasolina a cuatro dólares ya presiona a la base electoral de Trump en los estados industriales del Medio Oeste. A cinco o seis dólares la presión se vuelve insostenible para los candidatos republicanos en noviembre. El Congreso tiene mecanismos para crear presión política aunque no pueda parar la guerra inmediatamente.
El reloj militar: los EAU han consumido el 75% de sus interceptores Patriot. Bahréin el 87%. La munición de precisión se consume sin reposición inmediata. Una guerra de alta intensidad sostenida tiene límites logísticos reales.
El reloj iraní: la economía iraní ya estaba destruida antes del 28 de febrero. El bloqueo corta los ingresos del petróleo — la única fuente real de divisas. La fragmentación interna — presidente contra CGRI, ala dura contra moderados — puede acelerarse bajo presión económica máxima. El CGRI lleva cuarenta y tres días tomando decisiones independientemente del gobierno.
El reloj chino: China tiene reservas estratégicas para aproximadamente tres meses. Después necesita petróleo iraní o alternativas que no existen en el volumen necesario. La presión sobre Pekín para forzar una solución crece con cada semana de bloqueo.
El escenario más probable — mayo 2026
La operación más lógica en el horizonte de cuatro a seis semanas es la toma de las islas del estrecho: Abu Musa, Tunb Mayor y Tunb Menor. Desde esas tres islas el CGRI opera el sistema de peajes, controla el corredor de tránsito y tiene instalaciones de misiles antibuque.
Una operación anfibia y aerotransportada para tomar esas islas es militarmente factible en días. EE.UU. tiene en teatro el Grupo Anfibio Tripoli con Marines, el 82º Aerotransportado desplegándose, y un tercer portaaviones en camino. La operación resuelve el control físico del estrecho sin invadir el continente iraní.
Irán respondería con misiles sobre los EAU y Arabia Saudí — que tienen sus defensas al límite. La pregunta es cuántos misiles puede seguir lanzando un CGRI degradado al diez por ciento de su capacidad original, sin armada, sin fuerza aérea y con el liderazgo diezmado.
La invasión continental de Irán no está sobre la mesa de ningún planificador serio. 1,6 millones de kilómetros cuadrados, 85 millones de habitantes, geografía que hace de Afganistán un terreno llano. La experiencia de Irak — un décimo del territorio, la mitad de la población — costó veinte años y dos billones sin producir el resultado deseado.
El escenario alternativo — la fragmentación iraní
La fragmentación interna del régimen iraní puede resolver el problema antes de que EE.UU. tenga que decidir la invasión de las islas. El bloqueo económico total — sin ingresos del petróleo, con la economía ya destruida, con el CGRI operando independientemente del gobierno — puede acelerar una ruptura que ya estaba en marcha.
Si el régimen colapsa desde dentro, la narrativa cambia completamente. EE.UU. puede presentarlo como el cambio de régimen que siempre declaró como objetivo sin haber pagado el precio de la invasión.
El problema: el colapso de un Estado armado y fragmentado produce vacíos de poder que son más peligrosos que el Estado que reemplaza. El material nuclear sin verificar en manos de actores fragmentados es más peligroso que en manos de un régimen centralizado aunque sea hostil.
El escenario que nadie quiere nombrar — el umbral nuclear
Es el más peligroso y el menos analizado públicamente. Irán tiene 460 kilogramos de uranio enriquecido al 60%. Las instalaciones están dañadas pero el material existe. Los científicos viven. El conocimiento no se bombardea.
Si el régimen percibe que el bloqueo y la posible toma de las islas amenazan su supervivencia, puede calcular que cruzar el umbral nuclear — enriquecer al 90% con instalaciones improvisadas, declarar capacidad de arma — cambia los términos del problema. Una Irán con arma nuclear no se puede invadir. Eso detiene cualquier operación terrestre.
En ese momento Israel actuará independientemente de Washington. Tel Aviv tiene planes de contingencia para ese escenario. Los tiene desde hace décadas. Y Netanyahu ya ha demostrado que considera que el alto el fuego americano no cubre sus operaciones en Líbano.
La conclusión
El enquistamiento del bloqueo con el barril escalando hacia 200 dólares es el camino más probable en las próximas cuatro a seis semanas. Dentro de ese escenario la toma de las islas del estrecho es la operación lógica que resuelve el control físico sin invadir el continente.
Lo que ocurre después de la toma de las islas depende de si el régimen iraní tiene aún capacidad y voluntad de responder con algo que cambie los términos del problema. Que es exactamente lo que no sabemos.
Lo que sí sabemos es esto.
China lleva cuarenta y tres días acumulando dividendos estratégicos sin disparar un tiro. El yuan es ya la moneda de liquidación energética en el estrecho más importante del mundo — con precedente operativo y respaldo jurídico iraní. El petrodólar ha sufrido el mayor daño estructural desde 1971. La OTAN está fracturada. El libre orden marítimo internacional que EE.UU. garantizó desde 1945 tiene su primera grieta verificada y aceptada implícitamente por Washington.
Y el material nuclear iraní — suficiente para entre ocho y diez armas — está en algún lugar de Irán sin verificación internacional, bajo un régimen cuya fragmentación interna hace más difícil, no más fácil, controlar su destino.
Esa es la situación a 13 de abril de 2026. Día cuarenta y cuatro de la Operación Furia Épica.
El bloqueo empieza esta mañana a las diez.
PARTE IV: CÓMO SE PIERDE UNA GUERRA DIPLOMÁTICA QUE SE GANÓ MILITARMENTE
Hay una pregunta que cualquier oficial de marina mercante, cualquier abogado de derecho marítimo internacional y cualquier diplomático con experiencia en el Golfo se hace desde el primer día de esta crisis, y que nadie en la administración Trump parece haberse planteado con la seriedad que merece.
¿Por qué los buques no navegan pegados a la costa omaní?
La pregunta parece técnica. Es en realidad la radiografía más completa del fracaso diplomático americano en esta guerra.
La geografía como argumento jurídico
El Estrecho de Ormuz tiene 34 kilómetros en su punto más estrecho. Al norte, aguas iraníes. Al sur, aguas omaníes. Entre ambas, aguas internacionales y el corredor de tráfico establecido por la Organización Marítima Internacional. Ese corredor — en aguas internacionales y omaníes — es en teoría suficientemente alejado de las aguas territoriales iraníes para que cualquier ataque sobre él constituya una agresión contra la libertad de navegación en aguas soberanas de terceros.
Si un buque navega dentro de las doce millas náuticas de la costa de Omán y el CGRI lo ataca, Irán no está atacando un objetivo americano ni israelí. Está atacando en aguas soberanas de un Estado neutral que no participa en el conflicto. Está cometiendo un acto de guerra contra Omán.
Omán es miembro de la ONU, de la Liga Árabe, del Consejo de Cooperación del Golfo, firmante de la UNCLOS. Tiene tratados internacionales. Tiene relaciones diplomáticas. Y tiene una relación histórica con Irán que Mascate ha cuidado con especial delicadeza durante décadas — Omán fue el canal secreto que hizo posibles las negociaciones del acuerdo nuclear de 2015. Si hay un país árabe que Irán no puede permitirse atacar sin destruir su última red de relaciones en la región, ese país es Omán.
Si Irán ataca un buque en aguas omaníes, convierte en un solo acto a Omán de neutral en beligerante potencial, destruye la única relación árabe que conservaba intacta, y entrega a EE.UU. el argumento jurídico más limpio de toda la guerra: no estás defendiendo tu soberanía nuclear. Estás atacando países que no tienen nada que ver con esta guerra.
El argumento que debería haber construido Washington
La estrategia correcta existía desde el primer día y nadie la implementó.
Declarar un corredor de tránsito certificado en aguas internacionales y omaníes, coordinado con Mascate — que habría podido aceptar una protección discreta sin comprometerse como beligerante —, anunciado a la industria marítima como ruta segura. Cualquier ataque iraní sobre ese corredor, independientemente de la bandera del buque atacado, sería tratado como agresión contra la libertad de navegación en aguas de terceros soberanos.
Cada vez que Irán atacara un buque en ese corredor — y lo habría hecho, porque el CGRI no distingue por aguas — presentar el caso en el Consejo de Seguridad. Rusia y China habrían vetado. Pero el registro quedaría y la narrativa se construiría: Irán atacando a países neutrales, Irán agrediendo el comercio de naciones no beligerantes, Irán comportándose como un Estado pirata mientras declara soberanía sobre un estrecho internacional.
Invitar a India — que opera la Operación Sankalp escoltando sus propios petroleros —, a Japón, a Corea del Sur, a todos los países con interés directo en un corredor libre de peajes iraníes, a unirse a la protección del corredor. No como coalición militar americana sino como coalición de Estados con intereses marítimos legítimos.
Y dejar que Irán fuera quien eligiera atacar en aguas soberanas de Omán, de los EAU, de Arabia Saudí. Cada ataque así erosionando el apoyo chino — que necesita que el comercio fluya sin perturbaciones —, erosionando la simpatía de los países no alineados, erosionando la narrativa de resistencia legítima que Irán ha construido durante cuarenta y tres días.
Los EAU lo están demostrando involuntariamente. Quinientos veinte misiles iraníes sobre Abu Dhabi y Dubai, instalaciones civiles destruidas, un hospital dañado, un aeropuerto atacado. Irán bombardeando el país que alberga la mayor concentración de expatriados del mundo árabe, el centro financiero del Golfo, el país que no tenía nada que ver con el programa nuclear de Teherán. Eso es el argumento que EE.UU. debería haber construido como narrativa central desde el primer día: Irán no defiende su soberanía. Irán ataca a sus vecinos.
La combinación es demoledora en cualquier foro internacional — ataco buques en aguas de otros y cobro peaje por dejar pasar los que no ataco. Eso es la definición de piratería de Estado. Con ese argumento construido sistemáticamente y documentado caso a caso, la posición iraní se habría erosionado ante la opinión pública global, ante China y ante los propios países del Golfo que están pagando el precio de una guerra que no iniciaron.
El fracaso que ningún misil puede compensar
EE.UU. ganó la guerra militar en cuarenta y tres días. Nadie lo discute. La armada iraní está en el fondo del mar. La fuerza aérea iraní no existe. El programa nuclear está gravemente dañado. El liderazgo del CGRI ha sido diezmado.
Pero en paralelo a esa victoria militar, EE.UU. perdió la guerra diplomática de forma innecesaria y evitable. Innecesaria porque los argumentos existían. Evitable porque la arquitectura jurídica estaba disponible desde el primer día.
Lo que ocurrió en su lugar fue la sustitución del bisturí diplomático por el megáfono populista: ”Dominio aéreo total.» «Los hemos decimado.» «Una civilización entera morirá esta noche.»
Cuatro plazos incumplidos.
Una oferta final rechazada en Islamabad.
Un bloqueo naval anunciado en Truth Social seis semanas después de que habría debido ser la primera medida, no la última.
La diplomacia americana de la postguerra fría fue, con todos sus defectos, el instrumento que construyó el orden internacional más próspero de la historia moderna. La OTAN. El sistema de Bretton Woods. Las instituciones de libre comercio. Los acuerdos de no proliferación. La garantía de libre navegación en todos los océanos. Todo eso requirió décadas de trabajo diplomático paciente, multilateral, muchas veces silencioso, siempre orientado a construir marcos que hacían costoso el incumplimiento y ventajoso la adhesión.
Ese EE.UU. — el que negoció el Plan Marshall, el que construyó la OTAN, el que diseñó el sistema de Bretton Woods — habría resuelto el problema de Ormuz con un corredor en aguas omaníes, una coalición de cuarenta naciones con intereses marítimos propios, y la narrativa de Irán como Estado pirata atacando a sus propios vecinos.
El EE.UU. de 2026 llegó a Islamabad con Vance, Witkoff y Kushner después de veintiún horas de negociación, sin acuerdo, dejando una «oferta final» sobre la mesa, subiendo al Air Force Two y anunciando un bloqueo naval en Truth Social.
Quien les ha visto y quien les ve.
La superpotencia que diseñó el orden mundial de la segunda mitad del siglo XX y la superpotencia que gestiona la primera crisis geopolítica mayor del siglo XXI son el mismo país con el mismo ejército y la misma economía. La diferencia es que una sabía que la guerra es el último recurso de la diplomacia, y la otra parece haber olvidado que la diplomacia existe.
Esa diferencia — no las minas en el estrecho, no el uranio enriquecido, no los misiles del CGRI — es el problema estratégico más profundo que EE.UU. tiene que resolver. Y no se resuelve con un bloqueo naval.
Se resuelve recordando lo que fue capaz de construir cuando todavía sabía cómo hacerlo.
Francisco Guitián Lema — 13 de abril de 2026
Serie de análisis Ormuz 2026 — publicada desde el 10 de marzo de 2026
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