ORMUZ 2026: DÍA VEINTITRÉS
Escalando el conflicto
22 de marzo de 2026
I. LO QUE HA PASADO DESDE EL DÍA DIECISIETE DE GUERRA
Cuando escribíamos el día diecisiete, el USS Tripoli navegaba desde Okinawa, los Marines estaban a una semana del Golfo, y la pregunta central era si la operación terrestre en la franja costera del estrecho resultaría necesaria o si el poder aéreo podría resolver el problema sin botas en tierra iraní.
En seis días el conflicto ha cruzado varios umbrales que ningún análisis previo tenía completamente cartografiados. Esto ya no se escala por días. Se escala por horas.
Lo que ha ocurrido, sin dramatismo:
El 20 de marzo, fuerzas americanas e israelíes destruyeron el puerto de Bandar Lengeh — sede de la Quinta Región naval del CGRI, cuartel general del mando naval iraní en el Golfo central, y cordón umbilical entre el continente iraní y las tres islas disputadas de Abu Musa y las Tunbs. Dieciséis buques de carga civil ardieron junto con fragatas y buques de suministro del CGRI. El portavoz de los Guardianes de la Revolución fue eliminado en el mismo paquete de ataques.
El 21 de marzo, Natanz fue atacado por segunda vez en este conflicto con bombas perforadoras GBU-57. Ninguna fuga radiactiva según la IAEA, que reitera su llamamiento a la «contención militar para evitar cualquier riesgo de accidente nuclear.» Irán respondió con misiles sobre Dimona y Arad — las dos ciudades israelíes más próximas al centro de investigación nuclear del Néguev — hiriendo a ciento ochenta personas. La simetría del objetivo no fue casual: tú atacas nuestra instalación nuclear, nosotros atacamos la tuya. El mensaje estratégico es claro.
Ese mismo día, dos misiles balísticos iraníes de alcance intermedio fueron lanzados contra Diego García — la base en el Océano Índico desde la que despegan los B-2 que han estado bombardeando Irán durante veintitrés días. Uno falló en vuelo. Un destructor americano interceptó el segundo con un SM-3. Cuatro mil kilómetros. El doble del alcance de 2.000 kilómetros que el ministro de Exteriores iraní había declarado públicamente como límite voluntario del programa de misiles en febrero. Araghchi mintió, o le mintieron sus propios generales. En cualquier caso, el programa de misiles de largo alcance iraní es real, operativo y apunta a bases occidentales fuera de Oriente Medio.
El 22 de marzo, a las 23:44 GMT del sábado, Trump publicó en Truth Social lo siguiente: «Si Irán no abre COMPLETAMENTE, SIN AMENAZA, el Estrecho de Ormuz en 48 HORAS a partir de este exacto momento, los Estados Unidos de América golpearán y OBLITERARÁN sus diversas PLANTAS ELÉCTRICAS, EMPEZANDO POR LA MÁS GRANDE PRIMERO.»
Hoy, domingo 22 de marzo, el reloj corre.
II. LO QUE SE HA CONFIRMADO DEL ANÁLISIS PREVIO
Dijimos que la operación terrestre en la franja costera era inevitable si el poder aéreo no resolvía el problema del estrecho. La destrucción de Bandar Lengeh — el puerto desde el que se abastecen las islas disputadas y se coordinan los ataques navales — confirma que la secuencia que describíamos se está ejecutando: no invasión americana de tierra iraní, sino destrucción quirúrgica de la infraestructura de mando y suministro que hace posible la resistencia en el estrecho. Es la fase cuatro de la escalera. Se está ejecutando.
Dijimos que el martirio como doctrina operativa era la variable que ningún modelo occidental procesaba. Esta semana Irán disparó dos misiles a Diego García sabiendo que probablemente fallarían, atacó Dimona sabiendo que activaría la respuesta más severa posible, y respondió al ultimátum de las plantas eléctricas con la amenaza de cerrar el estrecho permanentemente si se cumplen. Ese no es el comportamiento de un actor que calcula costes y beneficios. Es el comportamiento del que acepta el precio máximo porque la alternativa — capitular ante el ultimátum — destruye la única narrativa que mantiene unida a la capa que todavía combate.
Dijimos que China era el único ganador verificado. Esta semana Trump levantó sanciones sobre ciento cuarenta millones de barriles de petróleo iraní para intentar bajar el precio del crudo — que cerró el viernes a 112 dólares el barril con Goldman Sachs advirtiendo que esos precios pueden mantenerse hasta 2027. China sigue siendo el único comprador real de ese petróleo. El CGRI sigue siendo la estructura que lo gestiona. Pekín acaba de conseguir que Washington levante sanciones al petróleo de un país con el que está en guerra activa para que ese petróleo llegue a China. Es la maniobra financiera más elegante de la última década y no disparó un solo tiro para conseguirla.
Dijimos que no había con quién negociar. Esta semana Trump dijo literalmente: «Hay que hablar con alguien, pero no hay nadie con quien hablar en Irán.» El director de la IAEA Rafael Grossi expresó esperanza de «reestablecer» conversaciones sobre el programa nuclear. Pezeshkian respondió al ultimátum de las plantas eléctricas con retórica de unidad nacional. El mando iraní continúa fragmentado entre el gobierno civil que habla de diplomacia y el CGRI que lanza misiles sin que nadie se los ordene explícitamente.
III. LO QUE NO ANTICIPAMOS — Y CAMBIA EL ANÁLISIS
Hay dos elementos de esta semana que el análisis previo no tenía en el radar con suficiente precisión.
El alcance real de los misiles iraníes.
Cuatro mil kilómetros operacionales demostrados contra Diego García. Eso no es un programa regional. Es un programa de alcance intercontinental incipiente. Las implicaciones para Europa son directas: toda Europa occidental está dentro del radio de alcance demostrado hoy. La conversación sobre si Ormuz es «ámbito europeo» acaba de convertirse en irrelevante. Cuando el adversario puede alcanzar Madrid desde Teherán, todo es tu ámbito.
El ultimátum de las plantas eléctricas — y lo que revela sobre Trump.
El viernes Trump dijo que estaba considerando «reducir» las operaciones militares. Veinticuatro horas después dio un ultimátum de 48 horas con amenaza de destruir infraestructura civil iraní. No es contradicción — es el patrón negociador de Trump aplicado a una guerra: señal de salida para presionar al adversario a moverse, seguida de amenaza de escalada cuando el adversario no se mueve.
Pero atacar plantas eléctricas civiles iraníes es un escalón diferente a todo lo que hemos visto hasta ahora. No es destrucción de capacidad militar. Es destrucción de infraestructura que afecta a noventa millones de civiles iraníes en plena celebración del Año Nuevo persa. La respuesta iraní es igualmente clara: si atacas nuestras plantas, cerramos el estrecho permanentemente y atacamos plantas eléctricas y desaladoras en todo el Golfo. Ambas amenazas son creíbles. Ambas son catastróficas en sus consecuencias.
El columnista más preciso que hemos visto sobre este conflicto — Muhanad Seloom en Al Jazeera — argumentaba el día dieciséis que la estrategia estaba funcionando porque medía los objetivos correctos: destrucción de capacidad misil, naval, nuclear y de proxies. El ultimátum de hoy escala hacia un objetivo diferente — infraestructura civil como palanca de negociación. Es el torniquete apretado al máximo. Si funciona, el estrecho se abre y Trump tiene su victoria antes de que expire el plazo. Si no funciona y no ejecuta la amenaza, pierde credibilidad para siempre. Si la ejecuta, produce el mayor desastre humanitario del conflicto y potencialmente activa una respuesta iraní que cierra el estrecho indefinidamente y hace saltar por los aires toda la infraestructura energética del Golfo.
Es la apuesta más alta que se ha hecho en este conflicto. Y se hizo en Truth Social a medianoche desde Mar-a-Lago.
IV. EL MAPA DE PODER HOY — QUIÉN ESTÁ DÓNDE
Estados Unidos: Militarmente dominante, estratégicamente atrapado. Ha ganado todas las batallas convencionales y no puede cerrar la guerra porque no tiene interlocutor. El ultimátum de las plantas eléctricas es la señal de que la presión doméstica — gasolina a precios récord, mercados en caída cuatro semanas consecutivas — ha alcanzado el umbral en que Trump necesita una resolución visible antes de que los daños económicos se vuelvan políticamente irrecuperables.
Irán: Militarmente destruido, narrativamente intacto. El CGRI sin armada, sin fuerza aérea, sin mando centralizado funcional, con el programa nuclear dañado severamente. Y aun así capaz de lanzar misiles a Diego García, atacar Dimona, amenazar desaladoras del Golfo y rechazar en términos duros el ultimátum presidencial americano. No es fortaleza. Es la doctrina del escorpión: si me pisan, pico, aunque morir sea el resultado inevitable.
Arabia Saudí: Ha cruzado el umbral de la neutralidad. Esta semana declaró que puede tomar acción militar contra Irán. Negocia la compra de drones interceptores a Ucrania. Interceptó 47 drones en tres horas sobre su región oriental. El cálculo de Riad ha cambiado — ya no es el mediador incómodo sino el actor regional que tiene que decidir si toma partido antes de que las consecuencias lleguen sin que haya elegido posición.
Europa: Keir Starmer autorizó el uso de Diego García y sufrió el ataque iraní sobre esa base horas después. Kallas dijo que Ormuz no era su ámbito. Irán respondió con misiles de cuatro mil kilómetros de alcance que pueden alcanzar Londres. El debate sobre si esto es «ámbito europeo» ha quedado resuelto por la geografía de los misiles iraníes, no por la diplomacia de Bruselas.
China: Acumula. Tiene el petróleo iraní fluyendo hacia sus refinerías. Tiene la negociación del yuan como moneda energética avanzando. Tiene a Washington levantando sanciones iraníes para que ese petróleo llegue a Pekín. Sigue sin disparar un tiro y sigue siendo el único actor que mejora su posición cada día que pasa.
V. LAS PRÓXIMAS 48 HORAS — LO QUE PUEDE OCURRIR
El reloj del ultimátum expira el lunes por la noche, hora de la costa este. Tres escenarios, por orden de probabilidad.
Irán abre parcialmente el estrecho bajo alguna condición. Es el escenario que ambas partes necesitan aunque ninguna puede decirlo públicamente. Irán necesita salir sin imagen de capitulación total — condiciones que puedan venderse internamente como concesión a cambio de algo. Trump necesita el titular de que el estrecho se abre sin tener que destruir plantas civiles iraníes. El espacio para ese acuerdo existe. El conducto puede ser Omán, que fue el mediador de las negociaciones de febrero, o Qatar, que tiene intereses directísimos en que sus instalaciones de Ras Laffan no sean el siguiente objetivo iraní.
Trump no ejecuta la amenaza y la crisis continúa. Si el lunes llega y las plantas siguen en pie, Trump habrá disparado la última bala de credibilidad disuasoria. Eso consolida el enquistamiento — problema de baja intensidad crónica sin resolución visible, con el estrecho parcialmente operativo bajo condiciones iraníes. Es la opción más costosa políticamente para Washington a medio plazo.
Trump ejecuta la amenaza. Es el escenario que nadie quiere nombrar porque sus consecuencias son las más graves. Destruir plantas eléctricas civiles en un país de noventa millones de personas en Año Nuevo persa activa el artículo 51 de la Carta de la ONU con más fuerza que cualquier acción previa, produce una respuesta iraní catastrófica sobre infraestructura del Golfo, hace saltar el precio del barril a territorio desconocido, y convierte a Trump en el presidente que apagó las luces de Irán. Larijani amenazó semanas atrás con que «toda la región quedaría a oscuras en treinta minutos» si se atacaba la infraestructura eléctrica iraní. La respuesta iraní de hoy — cerrar el estrecho permanentemente y atacar desaladoras — confirma que esa amenaza sigue activa. El escorpión picará aunque sea lo último que haga.
VI. LA PREGUNTA QUE DEFINE ESTA GUERRA
Llevamos veintitrés días haciéndonos la misma pregunta de diferentes maneras.
No es cómo ganar. Eso está resuelto militarmente desde el día tres. La capacidad convencional iraní ha sido destruida en lo que el almirante Cooper describió esta semana como «la mayor eliminación de una armada en un período de tres semanas desde la Segunda Guerra Mundial.»
La pregunta es qué ocurre después de ganar cuando el adversario tiene una parte que no necesita ganar para seguir peleando. Que considera la derrota militar un escalón hacia el martirio, no un motivo para rendirse.
El ultimátum de las plantas eléctricas es la señal de que Washington tampoco tiene respuesta a esa pregunta. Ha agotado las herramientas convencionales y está escalando hacia infraestructura civil porque es lo único que queda en el menú antes de aceptar el enquistamiento como resultado permanente.
Lo que viene en las próximas 48 horas no decidirá el resultado de la guerra. Eso ya está decidido. Decidirá qué forma toma la derrota iraní — si es una rendición funcional negociada sin firma, o un colapso en espiral que arrastra la infraestructura energética del Golfo consigo.
Ambas opciones tienen consecuencias que se medirán en décadas. Y ambas se están decidiendo, en este momento, en una cuenta de Truth Social y en los despachos de lo que queda del mando iraní.
Karbala, año 680. El Estrecho de Ormuz, marzo de 2026. Veintitrés días de guerra. La misma llave al cuello.
VII. LA INVASIÓN TERRESTRE — YA NO ES HIPÓTESIS
El ultimátum de las plantas eléctricas tiene una lógica interna que sus críticos no han comprendido del todo. No es una amenaza de destrucción masiva. Es la última señal antes de ejecutar la única opción que resuelve el problema de raíz.
Trump no va a destruir plantas eléctricas civiles. Las consecuencias humanitarias, jurídicas y económicas de esa decisión son incompatiblemente peores que el problema que intenta resolver. Pero tampoco va a dejar expirar el ultimátum sin hacer nada — eso liquida definitivamente su credibilidad disuasoria en este conflicto y en todos los que vengan después.
Lo que el ultimátum está haciendo, en realidad, es crear el espacio político para la única acción que Washington todavía no ha ejecutado: el desembarco en la franja costera del estrecho.
Veintitrés días de bombardeo lo han demostrado empíricamente: puedes destruir todo lo que tiene coordenadas fijas, firma radar o instalación estable. No puedes destruir al Pasdaran con la moto de agua que sale de una cala a las tres de la madrugada. El almirante Cooper dijo esta semana que la capacidad iraní de atacar buques ha sido «degradada.» No dijo eliminada. Esa diferencia de vocabulario es la confesión más honesta del problema que queda.
La solución definitiva al estrecho no es bombardear plantas eléctricas. Es controlar físicamente la costa desde la que se lanza la amenaza.
Y las condiciones para esa operación se han dado esta semana. Las monarquías del Golfo han cruzado el umbral que llevan semanas resistiendo. Arabia Saudí declaró que puede tomar acción militar. Los EAU han interceptado esta semana 345 misiles, 15 cruceros y 1.773 drones — y amenazan directamente con respuesta militar si Irán ataca Ras al-Jaima como punto de lanzamiento contra las islas disputadas. Bahréin, Kuwait, Qatar — todos bajo fuego iraní directo, todos con infraestructura energética atacada, todos con la paciencia agotada. Irán ha conseguido en tres semanas lo que Washington no pudo conseguir diplomáticamente en tres años: convertir a las monarquías del Golfo de espectadores incómodos en aliados con interés existencial en la resolución militar del conflicto.
Eso cambia el cálculo de la invasión de raíz. Una operación terrestre con tropas emiratíes y saudíes desembarcando en Abu Musa y las Tunbs — las tres islas que Irán tomó por la fuerza dos días antes de que existieran los Emiratos como Estado, en noviembre de 1971 — tiene hoy el apoyo regional que hace dos semanas era incierto. No es invasión americana de Irán. Es restitución de soberanía árabe con cobertura aérea americana y respaldo jurídico de cincuenta y cuatro años de reclamaciones ante la ONU. El argumento existe, es sólido y está disponible. El USS Boxer con la 11ª Unidad Expedicionaria de Marines acaba de ser desplegado al teatro. El USS Tripoli llega en días. La infraestructura de mando naval iraní en el Golfo central fue destruida el 20 de marzo en Bandar Lengeh — cortando el cordón umbilical entre el continente y esas islas.
La invasión terrestre dejó de ser hipótesis estratégica la semana pasada. Esta semana se convirtió en la única salida que queda en el tablero.
Abu Musa lleva cincuenta y cuatro años esperando. Ya no espera más.
Francisco Guitián Lema — 22 de marzo de 2026
Cuarta entrega del análisis Ormuz 2026, continuación de «El Día Once» (10 de marzo), «El Día en Que la Foto Valió Mil Millones» (12 de marzo) y «El Día Diecisiete» (16 de marzo)
